Pruebas históricas de la resurrección del Hijo de Dios
Independiente de que pruebas existan para la resurrección de Jesucristo, alguien se preguntara y dirá “¿qué importancia tiene para mi vida que Jesús haya resucitado? vamos a suponer que yo me convenzo de que Jesús resucitó, la siguiente pregunta sería, bueno ¿y qué? en que me puede afectar su resurrección?”
La respuesta concisa es que la importancia de la resurrección de Jesús radica en una razón teológica. Si Jesús no resucitó, eso implicaría que cuando el murió en la cruz por nuestros pecados, su pago y sacrificio nunca fue aceptado por Dios el Padre y por consiguiente, la deuda del pecado que tenía la humanidad para con un Dios santo y perfecto nunca fue saldada. Por el contrario, si Jesús resucitó eso indica que Dios el padre quedo satisfecho con el pago que Cristo hizo por los pecados de la humanidad, y por ende, las consecuencias del pecado no reinan más sobre el género humano (Ro. 4:25; 1Co. 15:17).
A la luz de lo anterior, no podría estar más de acuerdo con el gran teólogo reformado Charles Hodge cuando dijo, “La resurrección de Cristo es el evento más importante y a la vez el hecho mejor autenticado en la historia del mundo.”[1] Para el emprendimiento de la tarea de probar la historicidad de la resurrección de Jesús, se empleará un procedimiento en dos pasos: primero, se explicará cual es la evidencia para ser presentada y segundo, se analizará cual es la mejor hipótesis que existe para explicar la evidencia.
En la evidencia para ser analizada existen tres hechos establecidos que son aceptados por la mayoría de los eruditos (aun los escépticos); a saber, que Jesús murió por crucifixión; que su tumba fue encontrada vacía; y que sus discípulos creyeron que él se levantó de entre los muertos y se les apareció. Habiendo establecido la confiablidad histórica de estos tres hechos se argumentará en este ensayo que la hipótesis de la resurrección es la mejor explicación de estos hechos históricos.
Dado que la teoría del mito es la más popularizada en los medios y la hipótesis de la alucinación es la que ha surgido recientemente con más fuerza en la academia, las abordaré separadamente.
Es importante aclarar algo antes de analizar los hechos históricos relativos a la muerte y resurrección de Jesús codificados en el N.T. (Nuevo Testamento). Al argumentar a favor de los hechos establecidos históricamente como la muerte de Jesús por crucifixión, la tumba vacía y sus apariciones después de su resurrección, se usa primariamente los documentos que componen el N.T; a saber, los evangelios y las epístolas de Pablo. Mucha gente no entiende este procedimiento y cree que al examinar los documentos del N.T en lugar de otras fuentes, se está cayendo en un razonamiento circular.
Se cree que se está usando la Biblia para probar la Biblia, o que se asume a la Biblia como divinamente inspirada cuando se consultan los escritos del N.T. Nada podría estar más lejos de la verdad ya que eso no es lo que los historiadores hacen cuando examinan el N.T. Ellos examinan la Biblia como si fuera cualquier otro libro o documento antiguo e investigan si esos documentos son históricamente confiables. Además, originalmente no hubo un libro llamado “Nuevo Testamento”, sino documentos separados que se transmitieron y circulaban desde el siglo I. Lo que posteriormente hizo la Iglesia fue escoger las fuentes más tempranas, más cercanas en tiempo a Jesús y los discípulos para la composición del N.T dejando por fuera los relatos secundarios como los evangelios apócrifos los cuales sabían que eran falsos.
Desde el mismo principio, las mejores fuentes históricas fueron incluidas en el N.T, así que cuando la gente pide evidencia de escritos fuera del N.T, están pidiendo ignorar las fuentes primarias y más confiables. Esto es algo inaceptable en metodología histórica.[2]
Hecho #1 La muerte de Jesús por crucifixión[3]
Jesús murió al ser ejecutado en una cruz. De no ser así los otros dos hechos no tendrían razón de ser, a saber, la tumba hallada vacía y las apariciones de Jesús después de su muerte. De acuerdo con el Corán en (Sura IV: 157), Jesús únicamente fue hecho aparecer como si hubiera muerto.[4] Los musulmanes creen que alguien más tomo el lugar de Jesús en la cruz y Alá tomo a Jesús directamente al cielo. El problema con esa versión del Islán es que no hay evidencia que la corrobore. Además, la fuente que es el Corán es bien tardía. El Corán fue compuesto 600 años después del tiempo de vida de Jesús en la tierra. Esta teoría no explica el hecho de la tumba vacía y contradice todo el testimonio de los testigos y las fuentes no cristianas.
Tácito es uno de los ejemplos de fuentes no cristianas reportando la muerte de Jesús por crucifixión.
Tácito reportó, “Nerón colocó la culpa del incendio de Roma e infligió torturas sobre una clase odiada por sus abominaciones, llamados cristianos por el populacho. Cristus, por quien el nombre tuvo su origen, sufrió la pena extrema durante el reinado de Tiberio a manos de uno de los procuradores, Poncio Pilatos (énfasis añadido).”[5]
Algunos críticos cuestionan la realidad de la ejecución de Jesús, pero a diferencia de los musulmanes, ellos creen en la veracidad de la crucifixión aunque mostrándose escépticos de su muerte en la cruz. Ellos creen que de alguna manera Jesús se las ingenió para escapar de la tumba para proclamar luego a sus discípulos que él se había levantado de los muertos.[6]
Jesús verdaderamente murió en la cruz. El procedimiento estándar llevado a cabo en las crucifixiones era quebrarle las piernas a las víctimas de manera que no pudieran levantarse y exhalar. De esta manera la víctima se asfixiaría ya que los pulmones se le llenarían de dióxido de carbono. Verdugos romanos profesionales declararon que Cristo murió aun antes de quebrarles las piernas, mostrando que no había duda en sus mentes.[7] Interpretaciones basadas en la presunción de que Jesús no murió en la cruz están en contraposición con el conocimiento médico moderno.
Consecuentemente, la última puntilla en el ataúd a cualquier objeción de la muerte de Jesús por crucifixión es dada en un artículo en Marzo 21, 1986 edición del Journal of American Medical Association, el cual asevera:
Claramente, el peso de la evidencia histórica indica que Jesús murió antes de que se le infligiera la herida en su costado, y apoya la versión tradicional de que la lanza fue clavada en su costilla derecha, probablemente perforando no solo el pulmón derecho sino también el pericardio y corazón, y por este medio asegurando su muerte.[8]
Teniendo en cuenta estos hechos en mente, la teoría del desmayo o muerte aparente no puede ser apoyada por el hecho de la crucifixión de Jesús.
Hecho #2 La tumba vacía de Jesús
Hay fuerte evidencia para este hecho histórico el cual es aceptado por la mayoría de los eruditos. Para sustentar la confiabilidad de este hecho, clarificaremos la veracidad del entierro de Jesús.
De acuerdo con los evangelios, José de Arimatea, un miembro del Sanedrín enterró a Jesús de Nazaret in Jerusalén. (Mr. 15:42-47). Es bastante improbable que esto hubiera sido una invención posterior dado que la tensión y hostilidad entre los miembros del sanedrín y los cristianos era evidente debido a el involucramiento de estos miembros en la ejecución de Jesús.
Si este entierro fue real, (lo cual es lo más lógico por lo expresado anteriormente), las autoridades cristianas y judías hubieran conocido la ubicación del cuerpo en la tumba en Jerusalén. El evangelio (el cual tiene la resurrección de Jesús como el corazón de su mensaje) no hubiera podido florecer con un cuerpo todavía en la tumba, y si lo fuera, una vez los discípulos hubieran empezado su predicación concerniente a la resurrección de Jesús atrayendo seguidores, las autoridades judías hubieran señalado el cuerpo de Jesús en la tumba. Lo mismo puede ser dicho para responder a la teoría de la tumba equivocada, la cual afirma que los discípulos fueron a la tumba errónea y luego asumieron que Jesús había resucitado. Los judíos sabían la ubicación de la tumba porque pertenecía a José de Arimatea, un miembro del Sanedrín. Las autoridades Romanas sabían la ubicación porque ellos colocaron guardias allí.
Algunos escépticos han objetado que dado que el cuerpo se había descompuesto después de 50 días (que fue el margen de tiempo cuando los discípulos empezaron a proclamar la resurrección), las autoridades judías no hubieran podido exponer el cadáver de Jesús debido a su irreconocible carácter.
El problema con esa objeción es que históricamente nunca existió una disputa sobre la identificación del cadáver de Jesús. De haber existido un cadáver así fuera no identificable, la polémica judía contra la proclamación cristiana de la resurrección de Jesús hubiera tomado un curso distinto lo cual no ocurrió. De hecho, las autoridades judías no negaron la tumba vacía sino que intentaron explicar de otra manera la resurrección física y corporal de Jesús, como por ejemplo de que los discípulos habían robado el cadáver (Mt. 28:12-13). Si hay un cuerpo en la tumba aun después de 50 días, ¿porque hacer referencia a la ausencia de un cuerpo? Finalmente, el cabello del cuerpo, su estatura, las heridas hubieran permanecido identificables en el árido clima de Jerusalén. Esto es sustentado por el examinador médico de la oficina del estado de Virginia. El médico dijo que en Virginia donde el clima es cálido y húmedo lo cual promueve una descomposición de un cadáver más rápido, se podría mantener identificable su estatura, cabello y heridas después de 50 días.[9]
Otra posible objeción que los escépticos podrían levantar sería que las autoridades judías no le dieron importancia a una proclamación fantástica y sin fundamentos como la de que Jesús fue levantado de entre los muertos. La respuesta es que verdaderamente las autoridades judías les preocupaba aquello. Ellas contrataron a Saulo de Tarso para perseguir los judíos cristianos.
El testimonio más fuerte a favor de la confiabilidad de la tumba vacía proviene del testimonio de las mujeres, el cual a la luz del criterio de la vergüenza, apoya la confiabilidad del hecho de la tumba vacía. Se le denomina principio o criterio de la vergüenza, porque sería imposible que los escritores judíos fabricaran una historia teniendo a mujeres como sus testigos principales. Esto desacreditaría la historia y menguaría su credibilidad ya que en el judaísmo de aquella época como en la cultura romana, las mujeres eran consideradas ciudadanas de segunda clase y estaban relegadas a un estatus social más bajo. En otras palabras sería vergonzoso y ridículo crear o inventar una historia de esta manera.
La teoría de conspiración de que los discípulos robaron el cuerpo de la tumba es absurda porque tendría un carácter suicida. Al robar el cuerpo, los discípulos no ganarían notoriedad ni fama, ni prestigio. Todo lo contrario, el resultado sería ser maltratados, golpeados, torturados y martirizados por proclamar el evangelio de Jesús, del cual la resurrección es el mensaje central. Además, esta teoría de conspiración no puede explicar cómo los discípulos pudieron pasar los guardias romanos para acceder al cuerpo de Jesús.
Hecho #3 Las apariciones de Jesús posteriores a su muerte
Esta creencia junto a el hecho de la tumba vacía constituye una fuerza poderosa para explicar el surgimiento de la creencia en la resurrección de Jesús. Si tomamos uno de estos hechos aisladamente, construiríamos un caso débil para argumentar a favor de la resurrección de Jesús.[10] Por lo tanto, es importante abordar este hecho trascendental.
El consenso entre la mayoría de los eruditos es que los discípulos de Jesús creyeron que él se levantó de los muertos. ¿Cómo sabemos que ellos sinceramente creyeron eso? Primero, porque los discípulos así lo afirmaron como es narrado en los evangelios y como es narrado en el testimonio del apóstol Pablo concerniente a los mismos discípulos en 1 Corintios 15:5-8. Segundo, porque ellos “fueron radicalmente transformados de pusilánimes y temerosos individuos que lo negaron y abandonaron en su arresto y ejecución, en proclamadores valientes del evangelio siendo la resurrección del Señor el eje de su mensaje. Ellos permanecieron firmes al enfrentar encarcelamiento, tortura y martirio.[11]
Esto es atestiguado in múltiples partes del N.T tales como Hechos 4 y 5, como también en fuentes extrabíblicas como Eusebio, el primer historiador de la iglesia, quien en su Historia Eclesiástica, usa varios recursos del siglo segundo en relación con los martirios de Pedro y Pablo.[12]
¿Cuál es la naturaleza de las apariciones de Jesús posteriores a su muerte, físicas o visionarias?
Si asumimos que las apariciones de Jesús fueron visiones, tenemos que determinar si las visiones fueron subjetivas u objetivas. Las primeras tienen que ver con el hecho de ser generadas en la mente del individuo y caerían en la categoría de alucinaciones, un asunto que se tratara separadamente. Las segundas tienen que ver con una intervención divina en la mente y sentidos del individuo, lo cual genera la visión. Esa posibilidad tiene que ser examinada sobre bases teológicas.
Los discípulos no experimentaron visiones subjetivas ni objetivas. Las apariciones de Jesús fueron físicas y así lo hace saber el apóstol Pablo. En 1 Corintias 15:42-44 el enseña acerca de la naturaleza del cuerpo resucitado. Él dice que el cuerpo terrenal es natural y que el cuerpo resucitado es espiritual. Es aquí donde muchos críticos se confunden porque ellos asocian la palabra “natural” aquí con propiedades físicas y la palabra “espiritual” con inmaterialidad. En estos versículos “cuerpo espiritual” no significa cuerpo inmaterial, dado que la misma palabra es usada para describir cosas materiales tales como una roca en (1Co. 10:4).
La designación “espiritual” tiene que ver con orientación del cuerpo, como dominado por el espíritu, no con su constitución.
La teoría del mito como explicación a los tres hechos mencionados
De acuerdo con Robert Price, una leyenda no requiere mucho tiempo para ser desarrollada; algunas veces esta se desarrolla durante el tiempo de vida de la persona que da origen a la leyenda.[13] Esta remarcable declaración de un erudito crítico lleva a una redefinición y replanteamiento sobre la mejor forma para responder a la objeción de que los relatos de la resurrección en el N.T son leyendas.
Virtualmente todos los eruditos concuerdan en que los textos originales del N.T son los mismos que poseemos hoy. Hay variantes menores en la multitud de manuscritos; sin embargo la objeción de los escépticos hoy es que los evangelios fueron escritos por autores que adornaron la temprana tradición oral acerca de Jesús que fue esparcida en la última etapa del siglo primero. En otras palabras, ellos consideraron la tradición oral inicial como carente de eventos sobrenaturales.
La pregunta interesante en el campo de la erudición es, ¿material legendario infiltró la tradición cristiana antes de que esta fuera por escrito? La respuesta es no. Primero que todo, las historias de la resurrección pueden ser trazadas hasta las experiencia original de los discípulos. Pablo tuvo un encuentro con el Jesús resucitado en Hechos 9:1-9, y en 1 Corintios 15:3-5 el cita una temprana tradición cristiana relacionada a la resurrección de Jesús que el recibió de los discípulos y que probablemente puede ser trazada hasta dentro de cinco años después de la muerte de Jesús. De esta manera, la resurrección de Jesús no pudo haber sido originada por adornos legendarios dado que la experiencia de Pablo viendo a Jesús resucitado y su subsecuente conversión de incrédulo junto a sus escritos tempranos van contra tal teoría. Lo mismo puede ser dicho de Jacobo el hermano del Señor. [14]
Segundo, la historia de Marcos es simple y carece de adornos legendarios. No esta adornada con elementos teológicos. La resurrección no es ni atestiguada ni descriptiva, no hay citas de profecías cumplidas ni representaciones de Jesús triunfando sobre el pecado y la muerte ni el uso de títulos divinos. Esto es un marcado contraste con el evangelio apócrifo de Peter “el cual describe a Jesús triunfantemente saliendo de la tumba como una figura gigante cuya cabeza llega hasta las nubes apoyado por ángeles gigantes y seguido por una cruz que habla y proclamado por una voz desde el cielo, donde es atestiguado por un guardia romano, los ancianos judíos, y una multitud de espectadores. Esto es como una verdadera leyenda luce. Ese tipo de leyendas son coloreadas por el desarrollo de detalles teológicos y apologéticos. En contraste la versión de Marcos es destacada por su simplicidad.”[15]
Tercero, nadie muere por un mito o una leyenda. Los discípulos que estaban en contacto con Jesús creyeron que él se levantó de entre los muertos y debido a eso ellos se convirtieron en fervientes proclamadores de su mensaje.
Cuarto, un cuidadoso examen de los evangelios revela que estos no pertenecían al género literario de los mitos sino al género de las biografías antiguas.[16]
C.S Lewis, un crítico literario de la universidad de Oxford dijo; “…si alguien piensa que los evangelios son leyendas o novelas, entonces esa persona esta simplemente mostrando su incompetencia como crítico literario. Yo he leído una gran cantidad de novelas y conozco una gran cantidad de leyendas que crecieron en el principio entre la gente, y se perfectamente bien que los evangelios no son esa clase de material.”[17]
Quinto, aunque Robert Price afirma que una leyenda puede desarrollarse tempranamente muy pronto después de que el determinado evento en cuestión ocurrió, tal corto tiempo es insuficiente como para que esas influencias legendarias borren la centralidad de los hechos históricos.
Sexto, Cuando los relatos de la resurrección se pusieron por escrito en los evangelios décadas después del evento, tanto los apóstoles como los testigos de los sucesos relativos a Jesús todavía continuaban presentes. Ellos funcionaban como un factor de chequeo y supervisión evitando cualquier tendencia a cambiar los hechos o adornar los relatos sobre la “historia oral” de Jesús.[18]
La teoría de la alucinación como explicación a los tres hechos mencionados
La teoría de la Alucinación no puede explicar el hecho histórico de la tumba vacía. Solo intenta explicar el hecho de las apariciones de Jesús posteriores a su muerte.
Alucinaciones son incidentes privados que ocurren en la mente de los individuos; no son colectivos.[19] Dado que son individuales y subjetivas por naturaleza, siempre que un grupo de personas están en un marco mental susceptible a alucinar, sus experiencias respectivas serían únicas. En ese sentido son como sueños. Nadie experimenta exactamente el mismo sueño con una o más personas y mucho menos exactamente al mismo tiempo.
La hipótesis de alucinación tiene un débil poder de explicación porque las alucinaciones tienen lugar en un marco mental específico. No obstante, los registros del N.T prueban que las apariciones de Cristo no fueron restringidas a ningún patrón sicológico particular, sino que existieron en una variedad de circunstancias en las cuales tuvieron lugar: María Magdalena estaba llorando (Jn. 20:11-16), las mujeres estaban asustadas y asombradas (Mt. 28:5-9), los dos discípulos que se dirigían a Emaús estaban distraídos por los eventos de la semana (Lc. 24:13), los discípulos en Galilea estaban distraídos pescando (Jn. 21:1-6) y Tomas estaba lleno de escepticismo (Jn. 20:24-28).[20]
La Biblia registra visiones de Jesús que están en marcado contraste con las apariciones de la resurrección. Por ejemplo, Esteban vio una visión de Jesús en Hechos 7 que era sustancialmente diferente de cualquier aparición de la resurrección de Jesús. Cuando los discípulos vieron a su maestro después de su resurrección, ellos testificaron apariciones físicas no visiones, mucho menos alucinaciones. McDowell argumenta que “las apariciones del maestro resucitado pueden ser analizadas acorde a los sentidos humanos los cuales ellos apelaron, si el sentido de la vista, oído o tacto…ellos lo vieron Mt. 20:17, lo identificaron (Lc. 24:31), ellos creían que contemplaban un espíritu (Lc. 24:37).”[21] Hay otros ejemplos bíblicos donde los discípulos lo tocaron (Jn. 20:10-18; Mt. 28:1-10) y comieron con el (Jn. 21; Hch. 1:4-8). Tales experiencias son difíciles de explicar en términos de alucinación.
A pesar de todas las deficiencias que la teoría de alucinación tiene, el Dr. Gerd Lüdemann, escéptico teólogo Alemán, quiere explicar las apariciones de Jesús a sus discípulos como alucinaciones resultantes de una reacción en cadena. En un debate entre Lüdemann y Dr. William Lane Craig, Lüdemann dijo que una vez que Pedro como el líder del grupo empezó a relatar la experiencia de haber visto a Jesús resucitado, la historia se tornó contagiosa y los discípulos empezaron a tener similares experiencias también debido al entusiasmo religioso. De esta manera las experiencias acerca de Jesús fueron una reacción en cadena iniciada por Pedro.[22] Pero tal posición es insostenible porque Jesús después de su resurrección apareció primero a las mujeres, no a Pedro, y segundo a Jacobo, y finalmente a Pablo, quien era un incrédulo en ese momento. El N.T registra además apariciones que tienen una distancia significativa en tiempo y distancia. A la luz de esto, la explicación de una reacción en cadena luce maquinada.
Conclusión
Las explicaciones naturales que se han discutido no pueden explicar los tres hechos históricos, a saber, la muerte de Jesús por crucifixión, el hecho de la tumba vacía y las apariciones de Jesús posteriores a su muerte. Tales explicaciones carecen de poder y alcance explicativo. En síntesis se quedan cortas para explicar la evidencia.
En contraste, la hipótesis de la resurrección es la mejor explicación para la evidencia disponible. Explica los tres hechos históricos que fueron expuestos. Es altamente creíble y posible debido a la vida única y singular de Jesús, sus afirmaciones radicales y el profundo efecto en sus discípulos y la comunidad primitiva. Además, el contexto teológico y filosófico; a saber, la existencia de un Dios monoteísta debe tenerse en cuenta: “una vez uno acepte la idea que Dios existe, la hipótesis de que Dios levantaría a Jesús de entre los muertos no es más increíble que sus rivales.”[23] La hipótesis de la resurrección es menos elaborada porque requiere menos nuevas presuposiciones basadas en el conocimiento existente. De hecho, requiere solo una nueva presuposición: que Dios existe.[24]
Dado que toda la evidencia histórica apunta a la resurrección de Jesús, podemos estar seguros de que poseemos un caso firme y establecido para el teísmo cristiano.
Trabajos citados
Anderson, J. N. D. “The Resurrection of Jesus Christ.” Christianity Today, March 29, 1968.
Bultmann, Rudolf. “New Testament and Mythology” in Kerygma and Myth. Hans Werner Bartsch, ed. Reginald H. Fuller, trans. New York: Harper and Row, 1961.
Copan, Paul and William lane Craig, eds. Come let us Reason: New Essays in Christian Apologetics. Nashville: B&H, 2012.
Craig, William L. On Guard: defending your Faith with Reason and Precision. Colorado Springs: David C. Cook, 2010.
Geisler, Norman L. and Ronald M. Brooks. When Skeptics Ask. Wheaton, IL: Victor Books, 1990.
Geisler, Norman L. and Frank Turek. I Don’t have Enough Faith to be an Atheist. Wheatonm IL: Crossway Books, 2004.
Habermas, Gary R. and Michael R. Licona. The Case for the Resurrection of Jesus. Grand Rapids, MI: Kregel, 2004.
Jones, Clay. Prepare Defense: Fast Answers to Tough Questions, Christian Apologetics Software. Version 2.0. WORDsearch, 2011.
Lewis, C. S. Christian Reflections. Walter Hooper, ed. Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1967.
McDowell, Josh. The New Evidence that Demands a Verdict. Nashville: Thomas Nelson, 1999.
Price, Robert M. “Is There a Place for Historical Criticism?” Religious Studies 27, no. 3 (September 1991): 371-388.
Strauss, Davis. A New Life of Jesus. 2 vols. Edinburgh: Williams and Norgate, 1879, 1:412.
Wright, Nicholas Thomas. The Resurrection of the Son of God. Christian Origins and the Question of God, vol. 3. Minneapolis: Fortress Press, 2003. Logos Bible Software.
Notas al pie de página
[1] Charles Hodge, Systematic Theology Vol.2 [Teología Sistemática Vol.2] (Oak Harbor, WA: Logos Research Systems, 1197), 626.
[2] William Craig, On Guard: defending your Faith with Reason and Precision [En Guardia: Defendiendo tu Fe con razón y precision] (Colorado Springs: David C. Cook, 2010), Chapter 9,Kindle Format.
[3] Este hecho es rechazado por el Islán la religión con mayor crecimiento en el mundo, por lo tanto merece consideración.
[4] Norman L. Geisler and Ronald M. Brooks, Apologética: Herramientas valiosas para la defensa de la fe (Illinois: Unilit, 1997), 144.
[5] Tacitus, Annals 15.44 (A.D. 115). Citado en Gary R. Habermas and Michael R. Licona, The Case for the Resurrection of Jesus [El Caso para la Resurrección de Jesús] (Grand Rapids, MI Kregel, 2004), 49.
[6] Craig, Chapter 9, Kindle Format.
[7] Geisler and Brooks, 146.
[8] William D. Edwards, Wesley J. Gabel, and Floyd E. Hosmer, “On the Physical Death of Jesus Christ,” [Sobre la Muerte Física de Jesucristo] Journal of the American Medical Association 255, no, 11 (March 21, 1986): 1463. Citado en Norman L. Geisler and Frank Turek, I Don’t have Enough Faith to be an Atheist [No tengo Fe para ser un Ateo] (Illinois: Crossway Books, 2004), chapter 12. Kindle Format.
[9] Gary R. Habermas and Michael R. Licona, The Case for the Resurrection of Jesus [El Caso para la Resurrección de Jesús] (Grand Rapids, MI Kregel, 2004), 70, 287.
[10] Wright, Nicholas Thomas. The Resurrection of the Son of God. [La Resurrcción del hijo de Dios] Electronic Format, Software Biblical Logos. 686.
[11] Habermas and Licona, 50.
[12] Eusebius, Ecclesiastical History 2.23). [Historia Eclesiástica]Citado en Gary R. Habermas and Michael R. Licona, The Case for the Resurrection of Jesus [El Caso Para la Resurrección de Jesús](Grand Rapids, MI Kregel, 2004), 59.
[13] Robert M. Price, “Is There a Place for Historical Criticism?” Religious Studies, 27 (1991): 371-88. [¿Hay un Lugar Para el Criticismo Bíblico? Estudios Religiosos] Citado en Gary R. Habermas and Michael R. Licona, The Case for the Resurrection of Jesus [El Caso Para la Resurrección de Jesús] (Grand Rapids, MI Kregel, 2004).
[14] Habermas and Licona, 85-86.
[15] Craig, Chapter 9, Kindle Format.
[16] Paul Copan and William lane Craig, ed., Come let us Reason: [Vamos a Razonar] New Essays in Christian Apologetics [Nuevos Ensayos en Apologética Cristiana] (Tennessee, B&H, 2012), Chapter 7. Kindle Format.
[17] C.S. Lewis, Christian Reflections, [Reflexiones Cristianas] Walter Hooper, ed. (Grand Rapids, Mich.: Eerdmans, 1967), 209. Citado en Norman L. Geisler and Frank Turek, I Don’t have Enough Faith to be an Atheist [No Tengo Suficiente Fe Para Ser un Ateo] (Illinois: Crossway Books, 2004), chapter X. Kindle Format.
[18] En el caso de los evangelios, sería mas apropiado hablar de “historia oral” que de “tradición oral,” dado que los testigos vivientes y apóstoles estaban todavía alrededor. Craig, Chapter 7, Kindle Format.
[19] Habermas and Licona, 106.